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QUIZÁ TODAVÍA NO PUEDES VER: POR QUÉ?

21 de septiembre de 2026 Por: Helen Goldberg 4 lecturas Tiempo de lectura: 5 minutos

 

QUIZÁ TODAVÍA NO PUEDES VER: 

POR QUÉ?

Los puntos que Dios está conectando en tu historia


por Helen Goldberg

Hay algo que he aprendido después de acompañar a tantas personas en sus procesos de vida:

muchas veces llegamos a terapia buscando respuestas cuando, en realidad, estamos aprendiendo a hacer las preguntas correctas.

Llegamos preguntando:

¿Por qué me pasó esto?

¿Por qué esa persona se fue?

¿Por qué no funcionó?

¿Por qué tuve que perderlo?

¿Por qué Dios permitió que sucediera?

¿Por qué, después de haberlo dado todo, terminé aquí?

Y algunas veces no existe una respuesta que podamos comprender inmediatamente.

Porque hay acontecimientos de nuestra vida cuyo significado solamente aparece cuando ha pasado suficiente tiempo.

Steve Jobs habló de esto en su discurso de graduación en Stanford cuando explicó que los puntos de nuestra vida solamente pueden conectarse mirando hacia atrás. Mientras estamos viviendo cada experiencia, no podemos saber cómo terminará formando parte de nuestra historia.

Y esta idea me ha acompañado muchas veces, porque en el consultorio he visto algo hermoso: personas que llegan creyendo que están rotas y terminan descubriendo que estaban reconstruyéndose.

Personas que llegan pensando que perdieron una relación y terminan encontrándose a sí mismas, personas que llegan sintiendo que fracasaron y descubren que simplemente estaban caminando hacia otro lugar o aquellos que llegan preguntándose por qué una puerta se cerró y, meses después, pueden reconocer que aquella puerta cerrada evitó que continuaran viviendo una vida que ya no les pertenecía.

NO TODO LO QUE SE ROMPE ES UNA PÉRDIDA

A veces confundimos pérdida con liberación.

Y no porque el dolor no sea real. El dolor es real.

La tristeza es real. El duelo es real. La decepción es real.

Pero una experiencia dolorosa no tiene necesariamente que convertirse en el significado definitivo de nuestra vida. Hay cosas que terminan y nosotros creemos que nuestra vida también terminó con ellas.

Pero no. Terminó una etapa y entre el final de una etapa y el comienzo de otra existe un espacio que puede sentirse como vacío; ese espacio asusta, porque todavía no sabemos qué viene y justamente ahí es donde muchas veces nuestra fe es puesta a prueba.

HAY MOMENTOS EN LOS QUE DIOS NO TE MUESTRA EL CAMINO COMPLETO

Nos gustaría tener certezas.

Quisiéramos saber:

“¿Qué va a pasar?”

“¿Cuándo va a suceder?”

“¿Con quién?”

“¿Cómo?”

“¿Por qué?”

Pero quizá Dios no necesita mostrarnos todo el camino. Quizá solamente necesita que demos el siguiente paso.

La fe no siempre consiste en saber. A veces consiste en seguir caminando aun cuando todavía no entendemos.

Es decir:

“Señor, no sé por qué estoy atravesando esto, pero confío en que no estás ausente.”

“No entiendo esta pérdida, pero confío en que mi historia no termina aquí.”

“No sé qué viene después, pero voy a caminar con la certeza de que no estoy sola.”

Y eso cambia completamente la manera de vivir un proceso.

Porque dejamos de preguntarnos únicamente:

“¿Por qué me pasó?” y comenzamos a preguntarnos:

“¿Qué necesita enseñarme esto?”

QUIZÁ ESE DOLOR ESTÁ INTENTANDO MOSTRARTE ALGO

No creo que tengamos que pensar que todo sufrimiento fue enviado por Dios.

Hay situaciones que ocurren porque somos humanos.

Porque existen decisiones. Porque existen circunstancias. Porque otras personas también tienen libre albedrío. Porque la vida tiene acontecimientos que no podemos controlar.

Pero sí creo profundamente que Dios puede transformar aquello que nos sucede en algo que contribuya a nuestro crecimiento.

Puede tomar una experiencia que parecía destruirnos y convertirla en una fuente de sabiduría y transformar una herida en compasión, una pérdida en conciencia, un fracaso en dirección, un miedo en fortaleza y  una despedida en un nuevo comienzo.

Y quizá esa sea una de las formas más misteriosas en las que actúa la gracia. No necesariamente evitando que atravesemos determinadas experiencias, sino acompañándonos mientras las atravesamos y ayudándonos a convertirlas en algo diferente.

YO TAMBIÉN HE TENIDO QUE APRENDER A CONFIAR

Como terapeuta, podría ser muy fácil pensar que tengo que tener respuestas.

Pero cuanto más acompaño procesos humanos, más comprendo que no siempre se trata de tener respuestas.

A veces se trata de sostener la preguntaDe acompañar el silencio, de permitir que una persona llore, de darle permiso para no saber todavía, de recordarle que una mala temporada no significa una mala vida y, sobre todo, de ayudarle a recordar algo que considero fundamental:

no podemos juzgar nuestra historia desde un capítulo que todavía estamos viviendo.

¿Cuántas veces has pensado que algo era terrible y, años después, descubriste que fue necesario?

¿Cuántas veces dijiste:

“Si esto no hubiera ocurrido, mi vida sería diferente”?

Y probablemente lo sea.

Pero quizá no necesariamente mejor simplemente diferente.

Porque cada experiencia va dejando un punto y nosotros vamos dibujando nuestra historia con esos puntos.

HAY PUNTOS QUE TODAVÍA NO TIENEN SENTIDO

Tal vez ese sea tu caso hoy; tal vez estés atravesando un punto que no comprendes: un divorcio, una enfermedad, una pérdida, una crisis económica, una decepción, un cambio profesional, una relación que terminó, un sueño que no pudo ser o una etapa de profunda soledad.

Y quizá hoy solamente puedas ver ese punto; nada más.

No puedes ver la línea que vendrá después, pero eso no significa que no exista.

Simplemente todavía no puedes verla.

Steve Jobs contó que muchas de las decisiones que tomó en su juventud parecían no tener ninguna utilidad práctica en ese momento, pero años después terminaron teniendo un valor inesperado en su vida profesional.

Y eso también sucede con nosotros, aprendemos algo que creemos que nunca utilizaremos.

Conocemos a alguien que creemos que solamente pasó por nuestra vida.

Vivimos una experiencia que creemos que no tuvo sentido.

Desarrollamos una sensibilidad que nació de nuestro propio dolor.

Y un día descubrimos que todo aquello tenía un lugar.

¿Y SI TODAVÍA NO ESTÁS PERDIDO?

Esta es una pregunta que quisiera dejarte hoy.

¿Y si todavía no estás perdido?

¿Y si simplemente estás en una parte de tu historia cuyo significado todavía no puedes ver?

¿Y si esa pausa tiene un propósito?

¿Y si esa puerta cerrada está obligándote a mirar hacia otra dirección?

¿Y si aquello que hoy llamas fracaso es simplemente una redirección?

¿Y si aquello que hoy sientes como ausencia está creando espacio para algo que todavía no conoces?

No te estoy diciendo que niegues tu dolor, te estoy invitando a no convertirlo en una sentencia.

Puedes estar triste y tener fe, puedes sentir miedo y seguir caminando.

Puedes no comprender y aun así confiar, puedes llorar y continuar creyendo.

Puedes estar cansada/o y seguir avanzando.

La fe no significa que nunca tengamos dudas.

A veces significa que, incluso con nuestras dudas, seguimos colocando un pie delante del otro.

Y TAL VEZ UN DÍA MIRARÁS HACIA ATRÁS

Y entenderás, no todo; quizá no cada detalle, pero sí lo suficiente.

Mirarás hacia atrás y descubrirás que aquella persona que se fue te enseñó algo, que aquella experiencia te hizo crecer, que aquella pérdida te llevó a mirar la vida de otra manera, que aquel fracaso te obligó a descubrir capacidades que desconocías y que aquel momento de oscuridad te acercó nuevamente a Dios.

Y entonces quizá comprendas que tu historia nunca estuvo formada por acontecimientos aislados. Eran puntos que todavía no podías conectar.

Y Dios, en silencio, estaba permitiendo que el dibujo apareciera.

TU HISTORIA TODAVÍA NO TERMINA

Por eso, si hoy estás atravesando una etapa que no comprendes, no tengas tanta prisa por encontrarle significado.

Respira. Ora. Llora si necesitas llorar. Descansa. Busca ayuda si la necesitas. Escucha tu corazón. Y da solamente el siguiente paso. No necesitas conocer los próximos diez. Solo el siguiente.

Porque quizá la vida no te está pidiendo que entiendas el mapa.

Quizá te está pidiendo que confíes en quien guía tus pasos y si crees en Dios, recuerda esto:

que no puedas ver el camino no significa que Dios haya dejado de caminar contigo.

Hay puntos que todavía no puedes conectar, puertas que todavía no sabes por qué se cerraron, encuentros que todavía no comprendes, pérdidas cuyo sentido todavía no puedes encontrar y sueños que aún no sabes si se cumplirán.

Pero tu historia continúa y mientras continúa, sigue viviendo.

Sigue amando, aprendiendo, creyendo; buscando. Sigue escuchando esa voz interior que tantas veces has silenciado para complacer a los demás.

Y, sobre todo, sigue confiando.

Porque quizá algún día mirarás hacia atrás y descubrirás algo maravilloso: aquello que creías que era el final solamente era un punto más en el camino.

Y entonces comprenderás que los puntos siempre estuvieron ahí.

Solo necesitabas tiempo, perspectiva y fe para poder conectarlos.

¿Cuéntame qué acontecimiento de tu vida hoy no comprendes, pero sospechas que algún día tendrá sentido?

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